Acúfenos por la mandíbula: cuándo el pitido es la ATM

Te pitan los oídos. A veces es un zumbido fino, a veces un siseo de televisión sin señal, y siempre aparece cuando hay silencio. Has ido al otorrino, te han hecho una audiometría, todo está razonablemente bien y la explicación se queda a medias. Si además te cruje la mandíbula, te despiertas con la cara cargada o aprietas los dientes sin darte cuenta, hay una hipótesis que merece la pena poner sobre la mesa: los acúfenos por la mandíbula, es decir, un pitido que no nace del oído sino que se relaciona con la articulación temporomandibular (la ATM) y su musculatura.

Ojo, que vamos a ser honestos desde el principio: la mandíbula no explica todos los acúfenos, ni de lejos. Pero en una parte de los casos está lo bastante implicada como para que no revisarla sea perder una pista importante. Vamos a ver por qué.

Primero: qué es un acúfeno

Un acúfeno (o tinnitus) es la percepción de un sonido —pitido, zumbido, siseo, latido— sin que haya una fuente sonora externa. No es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma que puede venir de sitios muy distintos: de la vía auditiva, de una exposición prolongada a ruido, de ciertos medicamentos, de problemas vasculares o, en un subgrupo concreto, del sistema musculoesquelético de la cabeza y el cuello.

A este último grupo se le llama acúfeno somatosensorial (o somático). Su rasgo característico es que el sonido cambia —sube, baja, se desplaza de lado— cuando mueves o contraes la mandíbula, el cuello o incluso los ojos. Ese detalle, que parece una curiosidad, es justo la pista que más nos interesa a los fisioterapeutas.

Los números: qué relación hay entre ATM y acúfenos

Aquí no hacen falta suposiciones, porque la evidencia es reciente y bastante clara en cuanto a asociación. Un metaanálisis publicado en BMC Oral Health en febrero de 2026 (https://link.springer.com/article/10.1186/s12903-026-07898-3) reunió 34 estudios observacionales con más de 47.000 participantes y encontró tres datos que conviene retener:

  • Alrededor del 31,8% de las personas con un trastorno temporomandibular refiere acúfenos. Es decir, prácticamente uno de cada tres.

  • Al revés el porcentaje es aún mayor: en torno al 63,4% de las personas con acúfenos presenta signos de trastorno temporomandibular.

  • Tener un trastorno temporomandibular se asoció a casi cuatro veces más probabilidad de referir acúfenos que en las personas sin él.

Un matiz imprescindible, y los propios autores lo subrayan: asociación no es causalidad. Que dos cosas aparezcan juntas muy a menudo no demuestra que una provoque la otra. Puede que la ATM contribuya al acúfeno, puede que compartan un factor de fondo —estrés, tensión muscular, sensibilización— o puede que se retroalimenten. Lo que sí es razonable concluir es que, si tienes acúfenos, explorar la mandíbula tiene sentido.

Por qué la mandíbula puede meter ruido en el oído

Vecindad: son casi la misma esquina

La ATM está literalmente pegada al conducto auditivo. Entre el cóndilo de la mandíbula y el oído medio hay apenas unos milímetros de hueso y tejido blando, y en el desarrollo embrionario comparten origen. Por eso tanta gente confunde un problema mandibular con un problema de oído: lo contamos con detalle en el artículo sobre el dolor y el taponamiento de oído que en realidad viene de la mandíbula (/blog-atm/dolor-de-oido-por-la-mandibula).

Cableado compartido

La explicación más aceptada para el acúfeno somatosensorial es neurológica. La información sensitiva de la mandíbula y del cuello viaja por el nervio trigémino y por las raíces cervicales altas, y esas vías tienen conexiones con los núcleos auditivos del tronco cerebral. Dicho en cristiano: hay un cruce de cables. Cuando la musculatura masticatoria manda durante meses una señal de sobrecarga constante, ese ruido de fondo puede modular la forma en que el cerebro interpreta la señal auditiva. No es que el oído emita un pitido: es que el sistema lo amplifica.

Músculo, cuello y tensión

Maseteros y temporales apretados durante horas, cuello cargado, cabeza adelantada frente a una pantalla. El eje mandíbula-cuello funciona como una unidad: lo desarrollamos en el post sobre la relación entre el dolor de mandíbula y el cuello (/blog-atm/dolor-de-mandibula-y-cuello). En muchos acúfenos con componente somático, el cuello es tan protagonista como la mandíbula.

La pista clave: ¿tu acúfeno se modula?

Esta es la prueba del algodón. En los estudios que han explorado la modulación somatosensorial, aproximadamente la mitad de las personas con acúfenos consigue cambiar su sonido —volumen o tono— con maniobras de la mandíbula: apretar los dientes, abrir al máximo, desplazar la mandíbula hacia un lado, empujar contra la resistencia de la mano. En algunas series con antecedentes de problemas de ATM o de cuello, la cifra sube todavía más.

Puedes comprobarlo tú mismo, con suavidad y sin forzar: en un sitio silencioso, aprieta los dientes unos segundos y escucha si el pitido cambia. Luego abre la boca al máximo cómodo. Luego gira el cuello. Si el sonido se mueve, tu acúfeno tiene un componente somatosensorial y la mandíbula y el cuello entran de lleno en la ecuación. Si no cambia absolutamente nada, el origen probablemente esté en otro sitio.

Señales de que la mandíbula podría estar participando

  • El acúfeno aparece o empeora en épocas de más estrés, exámenes o carga de trabajo.

  • Te levantas con la mandíbula cansada, rígida o con la cara "cargada", señal típica de que aprietas por la noche. Si te suena, echa un ojo al post sobre bruxismo diurno y nocturno (/blog-atm/bruxismo-diurno-y-nocturno).

  • Notas chasquidos, molestia delante de la oreja o dificultad para abrir del todo.

  • El pitido es unilateral y coincide con el lado de la mandíbula que peor va.

  • Se acompaña de dolor de cabeza en sienes, sensación de oído tapado o cuello cargado.

  • La audiometría está dentro de la normalidad y no hay una explicación otológica clara.

Lo primero, descartar lo que hay que descartar

Esto no es negociable: el acúfeno se valora primero desde el ámbito médico. Antes de mirar la mandíbula hay que pasar por otorrinolaringología para revisar la audición y descartar causas que requieren otro abordaje. Y hay situaciones en las que hay que ir sin esperar: un acúfeno de aparición brusca, una pérdida de audición repentina, un pitido que late al ritmo del corazón, vértigo intenso, supuración o dolor de oído importante. En esos casos, médico antes que fisioterapeuta, siempre.

La fisioterapia de ATM entra después, cuando el estudio médico no encuentra una causa que lo explique y sí aparecen signos claros de disfunción mandibular. Los fisioterapeutas valoramos el sistema masticatorio y cervical; la parte otológica corresponde al médico.

Qué puede aportar la fisioterapia

Seamos precisos con las expectativas. No existe ningún tratamiento de fisioterapia que "cure los acúfenos", y desconfía de quien lo prometa. Lo que sí hay es evidencia de que, en el subgrupo de personas con acúfeno asociado a dolor temporomandibular, trabajar la mandíbula y el cuello puede reducir la intensidad del pitido y, sobre todo, la discapacidad que provoca.

Un ensayo clínico aleatorizado publicado en Pain Medicine (Delgado de la Serna y cols., 2020) repartió a 61 pacientes con acúfeno somático asociado a dolor temporomandibular en dos grupos: todos hicieron seis sesiones de ejercicio craneocervical y mandibular, automasaje y educación durante un mes; a la mitad se le añadió terapia manual cérvico-mandibular. El grupo que recibió terapia manual mejoró significativamente más en dolor, en severidad del acúfeno y en la escala de discapacidad por acúfenos, con efectos que se mantenían a los seis meses. Es un estudio con una muestra pequeña —hay que tomarlo con la prudencia que toca—, pero apunta en una dirección coherente.

En la práctica, un abordaje razonable combina terapia manual de mandíbula y cuello, ejercicio terapéutico, trabajo de los hábitos que sobrecargan la ATM y educación sobre el propio acúfeno, tan importante como las manos.

Tres cosas que puedes empezar hoy

  • Vigila el reposo mandibular. En reposo, los dientes NO se tocan: labios juntos, dientes ligeramente separados, lengua apoyada en el paladar. Pon dos o tres recordatorios en el móvil y comprueba cómo tienes la boca en ese momento.

  • Baja la carga de la masticación unos días: fuera chicle, cuidado con los alimentos muy duros o correosos y con los bocados enormes.

  • Cuida el silencio absoluto. El acúfeno crece en el silencio. Un ruido de fondo suave por la noche —ventilador, sonido ambiente a volumen bajo— ayuda a que el cerebro deje de poner el foco en el pitido.

Si quieres que alguien lo mire con calma

Si te reconoces en esto —el otorrino no encuentra una causa clara, el pitido cambia cuando aprietas los dientes y encima tienes la mandíbula tomada—, una valoración específica de ATM puede aclarar el panorama. En CL FISIO, en el Paseo de la Habana de Chamartín, exploramos articulación, musculatura masticatoria, columna cervical y hábitos, y comprobamos si el acúfeno se modula con maniobras mandibulares. Si encaja, te planteamos un plan realista; si no encaja, te lo decimos igual de claro. Puedes ver en qué consiste nuestra fisioterapia de ATM (https://clfisio.com/atm) y pedir cita desde ahí.

El resumen honesto: la mandíbula no es la respuesta a todos los acúfenos, pero cuando participa, ignorarla es dejar una puerta sin abrir.

Este artículo es contenido informativo y divulgativo. No sustituye a la valoración presencial de un profesional sanitario. Ante un acúfeno de aparición brusca, pérdida de audición repentina, pitido pulsátil, vértigo, dolor o supuración de oído, acude a tu médico o a un otorrinolaringólogo sin demora.

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