Por qué crujen las articulaciones (y cuándo preocuparte)

¿Por qué crujen las articulaciones? Es una de las preguntas que más nos repiten en consulta, normalmente con cara de susto. Estiras los dedos, giras el cuello, te levantas de la silla y… crac. El primer pensamiento de casi todo el mundo es el mismo: "algo se me está rompiendo". Buenas noticias: en la inmensa mayoría de los casos, ese sonido es completamente normal e inofensivo. Vamos a explicarte qué ocurre de verdad dentro de tus articulaciones, qué dice la ciencia sobre el famoso mito de la artrosis y, sobre todo, cuándo un crujido sí merece que le prestes atención.

El crujido no es "hueso contra hueso"

Empecemos derribando la imagen más extendida. Cuando una articulación cruje, no son dos huesos chocando ni el cartílago partiéndose. El sonido nace dentro de la cápsula articular, en el líquido que mantiene la articulación lubricada y nutrida: el líquido sinovial. Ese líquido es la clave de todo lo que viene a continuación.

Piensa en una articulación sana como una bisagra bien engrasada: dos extremos óseos recubiertos de cartílago, envueltos por una cápsula y bañados en líquido sinovial. Ahí dentro hay gases disueltos (dióxido de carbono, oxígeno y nitrógeno), igual que el gas disuelto en un refresco con la botella cerrada. Y de esos gases sale el misterio.

Cavitación: la ciencia de la burbuja

Cuando estiras o traccionas una articulación —al hacerte crujir los dedos, por ejemplo—, el espacio entre los dos huesos aumenta y, con él, el volumen de la cápsula. Al haber más espacio, la presión dentro cae de golpe. Y al bajar la presión, los gases disueltos en el líquido sinovial se liberan formando una burbuja. Ese proceso se llama cavitación, y la formación brusca de la burbuja es lo que genera el característico crac.

Durante décadas se pensó que el ruido lo producía la burbuja al estallar. Pero en 2015 un equipo de la Universidad de Alberta (Canadá) metió la mano de un voluntario en una resonancia magnética y grabó el momento exacto del crujido —el ya famoso experimento del "pull my finger" ("tírame del dedo")—. La imagen demostró que el sonido coincide con la formación de la burbuja, no con su implosión. A este matiz se le llama tribonucleación.

Este detalle explica una curiosidad que seguro has notado: no puedes hacerte crujir el mismo dedo dos veces seguidas. Tras la cavitación, el gas tarda unos 15-20 minutos en volver a disolverse en el líquido. Es el llamado periodo refractario. Hasta que el gas no se reabsorbe, no hay burbuja nueva que formar… ni crujido que oír.

¿Crujir los dedos provoca artrosis? El mito que no muere

Aquí está la pregunta del millón, y la respuesta tranquiliza: no hay evidencia de que crujirte los dedos cause artrosis. El protagonista de esta historia es el doctor estadounidense Donald Unger, que se tomó el mito como un reto personal. Durante más de 60 años se hizo crujir solo los nudillos de la mano izquierda, al menos dos veces al día, dejando la derecha como "grupo de control". Más de 36.500 crujidos en una mano y ninguno en la otra.

¿El resultado? Ninguna diferencia entre las dos manos: ni más artrosis, ni más dolor, ni menos movilidad en la mano "torturada". Publicó sus conclusiones en 1998 y en 2009 recibió por ello el premio Ig Nobel, el galardón con humor a la ciencia más curiosa. Anécdota aparte, estudios posteriores con cientos de personas han llegado a la misma conclusión: crujirse los nudillos no se asocia con un mayor riesgo de artrosis (puedes leerlo, por ejemplo, en arthritis-uk.org). Eso sí, algún trabajo sugiere que hacerlo de forma muy compulsiva podría relacionarse con algo de hinchazón o menos fuerza de agarre, así que tampoco hace falta convertirlo en deporte de competición.

Crujido no es lo mismo que crepitación

Conviene distinguir dos sonidos que la gente mezcla:

  • Cavitación (el "crac"): puntual, sonoro, indoloro y que no se repite hasta pasado un rato. Es el de los dedos, el cuello o la espalda al estirarte. Inofensivo.

  • Crepitación (la "arenilla"): un roce más continuo, tipo crujido de nieve o papel de lija, que aparece al mover repetidamente la articulación. Es típico de la rodilla al subir escaleras o ponerte en cuclillas.

La buena noticia es que la crepitación aislada, sin dolor ni hinchazón, también suele ser benigna: tendones que rozan, pequeñas irregularidades del cartílago o aire moviéndose. El ruido por sí solo casi nunca es el problema. Lo que cambia las cosas es la compañía que lleva ese ruido.

¿Cuándo el crujido sí merece atención?

Un crujido aislado e indoloro no es para preocuparse. Pero hay señales que conviene no ignorar y que merecen una valoración profesional:

  • El crujido va acompañado de dolor en el momento o después.

  • Aparece hinchazón, calor o enrojecimiento en la zona.

  • La articulación se bloquea, se queda "enganchada" o falla de repente.

  • El ruido empezó tras un golpe, una caída o un traumatismo.

  • Notas pérdida de movilidad o sensación de inestabilidad al apoyar.

En esos casos, el sonido es solo la punta del iceberg, y lo importante es lo que hay debajo: una sobrecarga, un tendón irritado o una lesión que conviene revisar a tiempo. Ahí es donde una valoración fisioterapéutica ayuda a entender qué está pasando y a poner solución antes de que vaya a más.

Lo que de verdad cuida tus articulaciones

Si te quedas con una sola idea, que sea esta: el mejor lubricante de tus articulaciones es el movimiento. Hay una frase muy usada en fisioterapia que lo resume: "motion is lotion" (el movimiento es la crema). Moverte con regularidad, mantener la musculatura fuerte y no pasarte el día en la misma postura cuida tus articulaciones mucho más que evitar un crujido inofensivo.

Así que la próxima vez que tu cuello suene al girarte o tus rodillas "saluden" al levantarte del sofá, respira tranquilo: en la mayoría de los casos es pura física, no un aviso de avería. Y si ese crujido viene con dolor o hinchazón, en CL FISIO, tu clínica de fisioterapia en Chamartín (Madrid), lo valoramos contigo con calma. Tienes más información sobre cómo trabajamos en clfisio.com.

Este contenido es informativo y no sustituye una valoración profesional individualizada. Si tienes dolor, hinchazón o molestias persistentes, consulta con un fisioterapeuta o profesional sanitario.

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