Pubalgia: dolor en la ingle del deportista, causas y qué hacer

Si juegas al fútbol, al pádel, al baloncesto o sales a correr y llevas semanas notando un dolor en la ingle que aparece al chutar, cambiar de dirección o acelerar, es muy probable que alguien te haya hablado de la pubalgia. Es una de las palabras más repetidas en vestuarios de toda España, pero también una de las más imprecisas: bajo ese nombre se mezclan problemas muy distintos. Aquí te cuento, desde la consulta de fisioterapia, qué hay detrás de un dolor inguinal en deportistas, por qué cuesta tanto quitárselo de encima y qué dice la evidencia sobre cómo afrontarlo.

Qué es la pubalgia (y por qué el nombre confunde)

"Pubalgia" significa literalmente dolor en el pubis, pero en la práctica se usa para cualquier molestia en la ingle, el pubis o la parte alta del muslo en personas que practican deporte. Esa vaguedad ha generado durante años una enorme confusión: se llamaba igual a problemas de músculo, de tendón, de la pared abdominal o incluso de la cadera.

Por eso, en 2014 un grupo de 24 expertos de 14 países se reunió en Doha para ponerse de acuerdo en la terminología. El resultado, publicado en el British Journal of Sports Medicine (consenso de Doha), propone hablar de dolor inguinal en deportistas y clasificarlo en tres grandes bloques: cuatro cuadros clínicos definidos (relacionado con los aductores, con el iliopsoas, con la zona inguinal o con el pubis), dolor de origen en la cadera y otras causas. Puedes leer el consenso original en el artículo del consenso de Doha sobre dolor inguinal en deportistas.

La clasificación se basa en lo que cuentas y en la exploración física, no en una prueba mágica. Y es importante porque cada cuadro se trabaja de forma diferente.

Los cuadros más frecuentes de dolor inguinal

En un estudio con 100 deportistas con dolor en la ingle atendidos en una clínica multidisciplinar de Doha (la mayoría hombres, y el 60 % futbolistas), el cuadro más habitual fue el dolor relacionado con los aductores, presente en el 61 %, mientras que el relacionado con el pubis fue el menos frecuente, con un 4 %. Además, el 44 % tenía más de una causa a la vez. Dicho de otro modo: lo normal no es un único culpable, sino varias piezas que se suman.

  • Aductores: dolor en la cara interna del muslo y la ingle, que aparece al chutar, al esprintar o al cambiar de dirección, y a menudo al apretar las piernas. Es el más frecuente.

  • Iliopsoas: dolor en la parte delantera de la cadera, que se nota al subir la rodilla, al correr cuesta arriba o al levantarse tras estar sentado.

  • Zona inguinal: dolor en la ingle que se agrava con esfuerzos como toser, esprintar o los abdominales. Exige una buena valoración presencial.

  • Pubis: dolor localizado justo sobre el hueso del pubis, a veces con sensibilidad al tacto.

  • Cadera: el pinzamiento o la sobrecarga de la propia cadera también se nota en la ingle y a veces se confunde con una pubalgia.

Por qué aparece en ciertos deportes

La ingle es el cruce de caminos entre las piernas, la pelvis y el abdomen. Cada vez que pateas un balón, haces un cambio de ritmo o un movimiento lateral de pádel, los aductores y los abdominales trabajan casi como un cinturón que estabiliza la pelvis mientras una pierna se mueve a gran velocidad. Si esa zona no está preparada para la carga, se sobrecarga.

Es típica del fútbol, el fútbol sala, el hockey, el baloncesto y también de deportes de raqueta y de carrera con cambios de dirección. Entre los factores que suelen asociarse a ella están un aumento brusco de entrenamientos (por ejemplo, tras la pretemporada o al volver de un parón), poca fuerza en los aductores frente a otros grupos, antecedentes de dolor inguinal y una cadera con poca movilidad. Si en tu equipo ya arrancó la temporada, este es justo el momento en que más se ven estos casos.

Reposo, hielo y antiinflamatorios: por qué suelen quedarse cortos

Es muy habitual parar dos semanas, tomar algo para el dolor y volver a jugar... para que la molestia regrese a los pocos partidos. Esto ocurre porque el reposo calma los síntomas pero no mejora la capacidad de la zona para soportar carga. En cuanto vuelves a la intensidad anterior, el problema reaparece.

La evidencia más sólida en dolor inguinal crónico viene del ejercicio. En un ensayo clínico clásico publicado en The Lancet (Hölmich y cols., 1999), 68 deportistas con dolor prolongado relacionado con los aductores siguieron un programa de entrenamiento activo (sesiones tres veces por semana durante hasta 12 semanas) o un tratamiento de fisioterapia pasiva. En el grupo de entrenamiento activo, el 79 % volvió a su deporte, frente a solo 4 pacientes del grupo de fisioterapia pasiva. Y lo más llamativo: un seguimiento entre 8 y 12 años después mostró que el beneficio seguía siendo significativo.

No quiere decir que las manos no sirvan de nada. El tratamiento manual puede aliviar y facilitar el ejercicio, pero la pieza que cambia el pronóstico es recuperar la capacidad de carga con un programa progresivo.

Qué suele incluir un buen abordaje

  • Gestionar la carga, no parar del todo: reducir lo que provoca dolor (chutar fuerte, esprints, cambios bruscos) manteniendo lo que se tolera, con el dolor como guía. Un dolor leve y que se calma en 24 horas suele ser aceptable; si empeora al día siguiente, ese día fue demasiado.

  • Fuerza de aductores y de la zona abdominal-pélvica: empezar con isométricos suaves (por ejemplo, apretar un balón entre las rodillas) y progresar a ejercicios más exigentes.

  • Control de la pelvis y la cadera: trabajo de estabilidad en una pierna, glúteo medio y movilidad de cadera.

  • Vuelta progresiva al gesto deportivo: primero trote en línea recta, luego aceleraciones, después cambios de dirección y por último el chut o el remate a máxima intensidad.

  • Plazos realistas: en dolor inguinal que ya lleva meses, hablamos normalmente de semanas o varios meses de trabajo constante, no de unos días.

Prevención: un solo ejercicio que ha demostrado funcionar

En prevención hay un dato muy interesante. Un ensayo clínico por conglomerados en 35 equipos de fútbol semiprofesional noruegos (652 jugadores) probó un programa basado en un único ejercicio, el aductor tipo "Copenhagen", realizado tres veces por semana durante la pretemporada y una vez por semana durante la competición. El grupo que lo hizo tuvo un 13,5 % de prevalencia de problemas de ingle frente al 21,3 % del grupo control, con una odds ratio de 0,59: alrededor de un 41 % menos de probabilidad de notar problemas inguinales.

No es una vacuna, pero es un ejemplo muy claro de que la fuerza específica protege. Para que sea seguro, el ejercicio debe aprenderse con una progresión adecuada y con alguien que revise tu técnica, sobre todo si ya tienes molestias. Lo mismo ocurre con otras lesiones típicas del fútbol: en nuestro artículo sobre la lesión de isquiotibiales en el fútbol explicamos cómo la fuerza protege el muslo, y en el de la rotura del ligamento cruzado anterior vemos por qué los programas de prevención funcionan mejor cuando se hacen siempre, no solo cuando duele.

Y una aclaración que sorprende a mucha gente: estirar no suele ser la solución. Si quieres entender por qué, mira qué dice la evidencia sobre estirar antes de entrenar.

Señales de alarma: cuándo no esperar

Aunque la mayoría de dolores inguinales en deportistas son de origen musculoesquelético, hay situaciones en las que conviene consultar cuanto antes con un profesional sanitario: dolor que no cede ni en reposo, dolor nocturno intenso, fiebre, un bulto visible o doloroso en la ingle, dolor tras un golpe fuerte o una caída, molestias al orinar, o pérdida de fuerza o sensibilidad en la pierna. En estos casos es necesaria una valoración médica antes de plantear cualquier ejercicio.

Pubalgia en Chamartín y Madrid: cuándo acudir al fisio

Si llevas más de dos o tres semanas con dolor en la ingle cada vez que entrenas, si reaparece cada vez que vuelves a jugar o si ya has probado a parar sin éxito, es buen momento para una valoración. Un fisioterapeuta puede identificar qué estructuras se están sobrecargando, ordenar tus cargas de entrenamiento y diseñar una progresión adaptada a tu deporte.

En CL FISIO, en el barrio de Chamartín, trabajamos con deportistas aficionados y federados de todo Madrid. Si quieres que revisemos tu caso, puedes ver nuestros servicios de fisioterapia en Chamartín y reservar tu cita: te ayudamos a volver a jugar sin que la ingle te condicione cada partido.

Este artículo es informativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Si tienes dolor persistente o alguna de las señales de alarma descritas, consulta con tu médico o fisioterapeuta.

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